“Feliz día, mamá desaparecida”.
Como hace ya varios años, madres y familias buscadoras unen esfuerzos el día diez de mayo para visibilizar su incansable resistencia buscando sus hijos, sus hijas, verdad y justicia.
Este año, en la Ciudad de México la marcha fue muy combativa con más de 1,000 participantes aunque con menos asistentes en solidaridad de lo esperado. (Algo bueno es que se notó una creciente presencia solidaria de compas de la Sexta.)
En la marcha hubo contingentes y oradores de Baja California, EdoMex, madres centroamericanas, Michoacán, Tamaulipas, Chihuahua, CdMx, Coahuila, Veracruz, Guanajuato, Coahuila y Guerrero, entre otros. Hubo una participación importante de la red Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México FUUNDEM) y sus filiales estatales, FUUNDEC (Coahuila) y FUNDEM (Edomex), entre otras. También hubo representación de Hijos México y de la Red Regional de Familias Migrantes. La marcha expresó agudamente la crisis de desapariciones y secuestros de personas en México.

Entre las consignas más gritadas escuchamos: “hijo escucha, tu madre esta en la lucha”. Una muy significativa fue: “¿dónde están, dónde están, los migrantes donde están?”
El mitin en El Ángel congregó a decenas de oradoras que exigieron, denunciaron, rogaron, precisaron y en común exhibieron la profunda rabia y frustración que ahoga al país.

Sus intervenciones constituyen una radiografía de lo que ocurre. Las oradoras de Baja California denunciaron que el registro nacional sólo incluye 2,000 carpetas cuando en realidad hay más de 17,000 en la entidad. Desde Tamaulipas una oradora se desgarraba explicando que “la vida se me escapa y no lo encuentro. No quiero irme sin encontrarlo.” Entre muchas denuncias, escuchamos sobre la desaparición de 23 migrantes que salieron del estado de Guanajuato rumbo al norte hace 14 años, eran jóvenes de unos 18 años. Una oradora dijo que “aunque sea encontrar su cuerpo inerte, muerto. Así mi búsqueda se acaba.”
Hubo denuncias de entidades donde el gobierno destruye las fotos de desparecid@s que sus familiares instalan en espacios púbicos. Además los MP no trabajan, desaparecen o pierden archivos, ignoran las evidencias.
Repudiaron las palabras de Noroña en relación a los hallazgos en Teuchitlán: “no somos simulaciones ni montajes.”
Dieron evidencia de las consecuencias que acarrea el secuestro y desaparición de personas, los hijos que se quedan sin padres o madres, por ejemplo.
De hecho tomaron la palabra jóvenes cuya madre fue arrancada cuando ellas eran niñas y hoy, ya creciendo, se han sumado como una nueva generación de luchadoras buscadoras. Las infancias tienen una carga especial—tienen que soportar el estigma y bully por la desparición de su papá y/o mamá. “No crecí queriendo ser buscadora”, dijo una. Así, una generación que creció sin mamá y/o papá está en la marcha. Lo mismo, abuelas que cuidan a nietas cuyos padres fueron arrancados. Hubo un cartel que decía: “mi nieta no debería estar en esta marcha”.
No faltaron las desaparecidas transgénero. Una decía: “la identidad de género no define a una persona.”

La marcha mostró la fuerza moral de las buscadoras. Gritaban: “la gente se pregunta, y esas quienes son, somos buscadoras y buscamos por amor.” Decían: nos da esperanza estar juntas, el olvido no es opción. Una de ellas dijo: “Prometí cuidarlo. Van 250 días que he fallado”, a lo cual varias contestaron con aliento que no se sintiera culpable, que no era su culpa para nada. Ser buscadora, agregó otra, “es una muerte en vida.” ¿Cómo olvidarlo? “Me acompañó por nueve meses, fuimos uno mi hijo y yo. ¿Cómo lo voy a olvidar?”
La marcha recordó a 27 buscadoras asesinadas por buscar a sus parientes. Se enunció el nombre de cada una de ellas. Pero “el dolor es más fuerte que el miedo”, dijeron. Así, la rabia sobrepasaba el miedo. De varias formas se enfatizó que los desparecidos no lo son, pues son semillas de porvenir.
Vibir Quintana también se solidarizó. Cantó la clásica “Sin miedo” y otra que parece compuso para la marcha. Dice: no paran, matan al activista, al periodista, al estudiante, a la feminista, la ambientalista, la buscadora, los guardianes de la montaña pero no paran. Exigimos que buscar a tu pariente no sea sentencia de muerte.
Hablaron de una nueva pedagogía. Algunas oradoras exhortaron a que madres y padres profundicen las relaciones personales con sus hijas. Crear más confianza para que quieran contar sus problemas cuando tengan problemas y no estén solas si un personaje o familiar abusivo, potencial secuestrador o feminicida aparece y hostiga.
Varias oradoras establecieron con claridad sus demandas centrales y su deslinde del gobierno. La presidenta Sheimbaum y sus funcionarios hablan bonito pero sus mesas de diálogo son pura simulación. Solo buscan desarticular nuestro movimiento con promesas vacías. Sólo nos dan 5 minutos para hablar. Sus propuestas de “reforma” son nada sin resolver dos problemas centrales: 1) que se reformen los ministerios públicos para que asuman con responsabilidad y empatía las denuncias presentadas, “son una porquería”, denunciaron, no entienden que cada segundo cuanta para nosotras, dijeron. Es común que cuando logran poner la denuncia, simplemente les dicen “váyanse, nosotros les llamamos” y nunca ocurre; que busquen también y 2) que se rompan los pactos de complicidad del gobierno con personajes e instituciones claramente identificadas con las desapariciones. Por su parte, la CNDH con Rosario Piedra es más cómplice que ayuda. Nomás sacan oficios y nada más; no ayudan a buscar. Tampoco la ONU les escucha.

García Harfuch o cualquier personaje del gobierno podrá repetir que los hallazgos en Teuchitlán no son de un campo de exterminio, sin embargo no pueden negar que además de campo de reclutamiento, como dicen con eufemismo, es también un verdadero campo de esclavitud. Y como este hay al menos cientos en el país. Tan sólo en La Gallera, Veracruz, uno fue encontrado entre al menos cinco campos más. Para la ciudad de México ver reportaje de Regeneración Radio: Quinta Brigada Regional de Búsqueda en el Ajusco.



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