
Buen día compas,
Regresando del Encuentro y todavía con gripe, quiero compartirles un par de reflexiones iniciales nomás buscando alimentar el diálogo.
Señales del mañana
En su mensaje final del Encuentro, el Capitán Marcos conectó las luchas que hoy damos con el mañana que vendrá.
Nos dijo que lo más importante para comprender cómo estarán las cosas dentro de 120 años es preguntarse qué estamos haciendo ahora para preparar el día después. Lo que entonces ocurra depende qué estamos haciendo hoy.
El día después, es decir, el día cuando la tormenta amaine.
Prepararnos es esencial. El capital ya está pensando en el día después. Está trabajando en la construcción de bunkers espaciales o terrestres donde pueda resguardarse hasta el día después o hasta que el planeta sea una vez más habitable. Incluso hay noticias de que están construyendo uno en Baja California, Marcos nos dijo.
El capital no puede tener límites; está más que mostrando que no puede contener su afán destructivo. Si sus ganancias están comprometidas, no se va a detener en seguir sembrando muerte y destrucción. Hay un límite, sin embargo: está matando a la gallina de los huevos de oro, destruyendo el planeta y la vida de donde extrae sus ganancias; además su gran dilema consiste en encontrar cómo exportar para el día después los sistemas ad hoc para que siga habiendo trabajador@s que explotar y consumidor@s que manipular. Esto es, que la propiedad privada subsista. Eso es esencial para el capitalismo.
Créanme, insiste el Capitán Marcos: algunas variantes de la especie humana van a sobrevivir y la opción capitalista allí va a estar. Con sus modalidades, tal vez. Mientras los progresistas diseñan consoladores a los pueblos destruidos, oprimidos o esclavizados, los grandes capitalistas avanzan en reemplazar clases trabajadoras por máquinas y robots. También buscan cómo reproducir culturas de consumismo.
¿Y nosotros qué? Es tiempo de semillas. Llenar las plazas es emocionante; levantar el puño al lado de miles contra el capital excitante, pero es insuficiente para preparar el mañana. Por ahora, nos dice el Capitán, el cambio real viene de las minorías, de grupos –no importa que sean pequeños—que realmente luchen y confronten la tormenta sin perder en el intento su aliento de humanidad. Porque lo que está en juego es el sentido de humanidad. Así lo presentan en las obras de teatro presentadas por los 12 Caracoles: “Es inhumano”, gritaban los pueblos afectados por minas, fábricas y megaproyectos. Así, la defensa de la vida y la madre tierra es también la defensa de la humanidad como proyecto, es decir, humanidad con libertad y responsabilidad.
Hay que partir de que sí sobreviviremos. No le hace que Jorge Alonso tema que una guerra nuclear borre la vida en el planeta. Contra eso, es poco lo que podemos hacer. Es su decisión del gran capital si aprieta el botón, o es su responsabilidad si sus contradicciones lo atoran y un sociópata termina apretándolo. Pero hay que partir de que su afán colosal de destrucción no impedirá el día después. Aquí el dilema es “si vamos a repetir lo mismo o hacer algo más”, sostuvo el Capitán.
Tenemos que descubrir, construir y destacar las tenues lucecitas y las grietas en el muro que alimentan esperanzas de lucha y resistencia y conectan rebeldías y dignidades. Hace 10 o 20 años era importante sonar la campana de alarma para advertir a los pueblos que teníamos encima una tormenta terrible. Frente a la abulia, pereza mental, indiferencia, egoísmo, inmediatismo o negacionismo sicópata, era importante nombrar y delinear a la tormenta. Hoy hay que seguir haciéndolo, sin duda, pues hay mucha banda y vanguardias revolucionarias que siguen dormidos. Pero hablar de las calamidades sin presentar propuestas –nos dice el Capitán Marcos– es como poner a un joven en conversación de dos viejitos hablando de sus achaques mutuos. Abuelos –dirá el joven– entiendo y respeto sus problemas de salud; es la ley de la vida llegar a la vejez, pero yo necesito algo más.
Hay que escuchar con mucho cuidado las palabras de las y los zapatistas explicando en el Encuentro su genealogía de lo común. Nos hablan de cómo buscaron caminos contra la devastadora tormenta y las políticas destructivas de la 4T. Y para hacerlo, se remontaron al pasado y consultaron con sus abuelos; investigaron el pasado, pues, tan sólo unos 100 años porque no pudieron ir más atrás. Esclavizados en las fincas, descubrieron que sólo en bola y en montón lograrían escapar de los finqueros. O sea, en común. Los abuelos y abuelas lograron escapar porque lo hicieron todos juntos; “montoneros” les llamaron los finqueros. Escaparon a las montañas lejanas, donde finqueros y capataces no pudieran encontrarlos u obligarlos a regresar a las fincas. Allí fundaron nuevos pueblos y rancherías, “lo que hoy llamamos comunidades” señaló el Sup Moisés. Entonces decidieron trabajar la tierra en común; repartir sus frutos en común; defenderla en común. Luego vendrían malos gobiernos con sus leyes de “progreso” y sus programas de “solidaridad” y “bienestar” dirigidos a despedazar la tierra; o sea, a dividirla y privatizarla. Hoy, nos dicen, tenemos que aprender de nuestras abuelas y abuelos y propiciar cuidar, defender y trabajar la santa tierra de nuevo en común.
Así, aprendieron del pasado pero del presente también. En el viaje al charco, es decir, a la Europa insumisa, descubrieron lo común en resistencias emanadas de la modernidad misma. En Chipre aprendieron que chipriotas griegos y turcos pueden hacer comunidad en la tierra de nadie que divide la isla en dos estados. Tierra de nadie, o sea de todos; nos dice el Sup Moisés que algo similar se podría hacer en territorios zapatistas para detener la agresiva individualización de la tierra que viene con el programa de la 4T Sembrando Muerte.
Así pues, nos dieron notables pautas de la genealogía del común zapatista. ¿Y nosotros qué?
Es decir, ¿cómo le hacemos en otras geografías? ¿Podemos construir el común y la no propiedad en la Ciudad de México? Ese es el tema que se proponen discutir l@s compas que se articulan en la Casa de los Pueblos Samir Flores. (Próximas reuniones: Jueves enero 16 y 30, 6 pm).
Buena pregunta. Podemos también preguntarnos ¿dónde podemos buscar inspiración para preparar el día después en esta Ciudad Monstruo, como la llama Alberto? ¿Dónde? ¿En las experiencias del movimiento urbano popular? ¿En Acapatzingo y Xochitlanezi? ¿En la okupa otomí que le dio en la madre al INPI? ¿Se requiere un territorio donde una comunidad viva y trabaje para tejer en común? ¿O podemos hacerle como los estudiantes del 1968 que tomaron las escuelas y allí sembraron por algunos meses una rebeldía común cuyos ecos llegaron lejos en tiempo y espacio a pesar de la brutal represión del estado?
El Capitán refrendó la invitación a un encuentro a realizarse en el verano justamente para dar a conocer los esfuerzos que desde geografías distantes realizamos. La convocatoria ya fue dada a conocer el 10 de octubre del año pasado: “Julio del 2025.- Encuentros Semilleros: caminos, ritmo, compañías y destinos para el camino el Día Después.” Allí hay que llevar las experiencias que vayamos sembrando por aquí y por allá.
El Capitán nos invita a imaginar cómo la tormenta se desarrollará y que rasgos el día después tendrá. Ésta es una tarea pendiente para delinear caminos de lucha y resistencia. Para el todo y para las partes; cada quién en sus geografías y calendarios– la gran familia que somos los y las firmantes de la Declaración por la vida. Cuando el Capitán, el Sup y los zapatistas dicen “nosotr@s” ya nos incluyen como parte de esa familia de lucha mundial por la vida. Y cuando dicen que están solos no nos están diciendo que no estamos con ell@s sino que también nosotres, les ciudadanes, estamos soles.
¿Qué es lo primero que tenemos que hacer? ¿Cuál es el paso siguiente? ¿Qué tarea nos echamos en hombros para decir que estamos realmente luchando por lo común y no sólo haciendo lo mismo de siempre ahora adornado con fraseología de lo común? Ya nos lo dijo el Capitán. El primer paso es algo muy simple y difícil a la vez; algo que siempre queremos hacer y fracasamos una y otra vez: trabajar en común en vez de competir entre nosotres; esforzarnos por tejer proyectos comunes, en vez de ignorarnos un@s a otr@s. Forjar una Sexta –o como se llame—en común en vez de andar despedazando el movimiento.
“Esto que estamos desafiando es tan imposible como el 31 de diciembre de hace 31 años. Y entonces tienen la opción, compañeras y compañeros, hermanos y hermanas, enemigos y enemigas, están llegando ustedes –y hablan muy otro—y tienen que elegir primero si nos vamos a pelear entre nosotros… ´no es que tú eres comunista, no es que tú eres anarquista, tú eres trotskista, o lo que sea´, o reconocemos lo esencial: cada uno de ellos y de nosotros tenemos un propósito que es destruir un sistema; es eso lo que nos une, y así está en la Declaración por la Vida… [Esta Declaración] reconoce las diferencias y establece un objetivo común, y no dice: aquí no entran estos o no entran los otros; hay compañeros y compañeras del Partido de los Comunistas, hay compañeros y compañeras anarquistas o trotskistas, hay quienes no son nada, y hay quienes son zapatistas, hay feministas, hay quienes hablan muy otro… Hay que reconocer que cada quien tiene una lucha, un espacio de lucha, y mejor vamos a eso. Porque si no, lo que va a pasar es que vamos a pelear [y el espacio] se ira reduciendo como dice el Sup Moisés hasta que ya no hay para donde hacer ni siquiera lo que llaman las necesidades primarias. Igual va a llegar un momento en que la discusión va a ser estéril, porque el comunista no va a dejar de ser comunista, ni el anarquista, ni el trotskista, ni el zapatista, ni la feminista va dejar de ser feminista, ni el vegano va a dejar de ser vegano ni el vegetariano, etc., todas las diferencias que hay. Nosotros lo que proponemos: busquemos si hay algo de acuerdo; si no hay pues bueno, ni modo, pero si sí hay –y yo creo que sí hay—por eso fue la iniciativa de la Declaración por la vida y por eso cambiamos el “nosotros” en lugar de hacerlo más pequeño, lo abrimos, ¿a dónde? A los cinco continentes, a la gira por lo vida hasta donde se ha podido hasta ahora.” (Capitán Insurgente Marcos. La Cofa del Vigía: Señales al mañana- 36:35)
Lo común en movimiento
“Viva el común”; “nunca más el individualismo” — así terminaron de manera apoteótica las doce obras de teatro que presentaron zapatistas de los doce caracoles para escenificar la tormenta y el día después.
Si no lo entendieron, ya nunca lo entenderán; palabras más, palabras menos, eso sentenció el Sup Moisés después de explicar con pizarrón en mano, que quieren decir los y las zapatistas por lo común.
“¿Y nosotros qué?”, nos repitió ahora en plural el Capitán Marcos a los asistentes al Encuentro, presenciales y virtuales por igual.
¿Cómo recogemos este desafío? ¿Cómo, desde nuestras geografías le hacemos para promover lo común?
Pienso y siento que mucho del trabajo y la vida en los caracoles ya era comunitario, es decir, con prácticas y valores que priorizan lo comunal sobre lo individual. Entonces ¿qué es exactamente lo nuevo?
También confío en que la comunidad de adherentes a la Sexta y firmantes de la Declaración por la vida seguimos ese mismo principio. O sea, de algún modo ya nos inclinamos por lo común; lo promovemos y tratamos de practicar. Así, ¿cómo entender qué paso adelante han las comunidades zapatistas intuido e imaginado de cómo tejer buena comunidad? ¿Qué paso adelante nos proponen para enfrentar la tormenta y preparar el día después?
En lo común hay mucho de común con otras palabras que han hecho historia: comunidad, comunalidad, comuna y comunismo, por ejemplo. Hay mucho en común con luchas y movimientos que se han rebelado contra la llamada modernidad invocando de una manera u otra el bien común por encima de lo individual. Si hablamos de lo común encontraremos incluso continuidades con palabras como “comunión” que evocan rebeldías de hace dos milenios de antigüedad. En esta larga marcha, en esta historia de larga duración de brujas y locos activistas en pro de lo comunitario, ¿qué lugar ocupa lo común que nos ofrecen las y los zapatistas?
Explica tu lugar de enunciación, demanda Silvia Marcos. Digamos que aterrizo en la región en que vivo, la llamada Ciudad de México con sus 25 millones de habitantes divididos por esa ominosa frontera que segrega los municipios “conurbanos” del llamado Estado de México de las alcaldías de la “verdadera” CdMx, ciudad de México. Y en esta vieja de hierro, como la canta Rockdrigo, habito en la emblemática Tlatelolco.
Para much@s acá, la tormenta ya enseñó la cara. 2024 fue quizás el año más caliente, árido, seco y a la vez tormentoso e inundado y con un invierno crudo que se ha convertido en la temporada de enfermedad. Acá no le faltan cabezas a la hidra capitalista, pero siento que la sequía y la violencia son dos mayores que nos acosan.
Los niveles de violencia asechan a diario. En las calles andan los narquillos pidiendo piso mientras sus jefes avanzan imponiendo relaciones y culturas mega machistas, corruptas y autoritarias. Un poco más institucional, tenemos la violencia organizada del complejo industrial militar policial, el núcleo más duro y poderoso del estado, el que quizás tenga más posibilidades de sobrevivir un colapso, incluso si otras instituciones, por ejemplo las ligadas a los llamados “servicios sociales” dejan de existir. Imposible imaginar que el capitalismo pueda sobrevivir sin brutalidad policiaca, aun si el estado o muchas empresas capitalistas entran en crisis. Y luego está la violencia del imperio con su máquina de guerra. Ya muchas comunidades en México viven la guerra. Se ensaña sobre todo contra los pueblos originarios. Pero los últimos cambios políticos en Estados Unidos indican que sus fuerzas armadas se preparan a apoyar esta guerra invadiendo más abiertamente a México. Después de todo, si la guerra y el caos son buen negocio y si Israel puede martirizar al pueblo palestino y “nada pasa”, ¿porqué no hacerlo en México?
Como sea, la violencia a todos niveles amenaza con devorar la ciudad. ¿Cuál será el futuro? ¿El caos de pandillas de Puerto Príncipe? ¿El régimen carcelario de San Salvador? ¿Ambos? ¿Y nosotros qué?
Otra cabeza de la hidra es la sequía y el calor que amenazan deshidratar esta ciudad. Todos los políticos rechazan la posibilidad del “día cero” pero en verdad estuvo cerca hasta que las tempestades que devastaron Guerrero, Veracruz y tantos otros lugares trajeron las benditas aguas a la ciudad capital.
En Tlatelolco, vivimos y luchamos en un bosque de edificios que una vez fueron el orgullo de la modernidad. Pensemos no en 120 sino en 12 años, dos sexenios. ¿Cómo estará el agua? A como van las cosas, es pensable que las pipas controlarán el mercado del agua. Como en muchas otras colonias de la ciudad, las tuberías serán obsoletas (excepto para pagar impuestos) y el agua, si nos llega, la tendremos que cargar o arrastrar en cubetas y garrafones hacia nuestros edificios. Y así las cosas, con elevadores que se descomponen a cada rato, habrá que subir el agua 2, 5, 12 o 20 pisos. ¿Será posible seguir viviendo así?
Y claro, es posible que lo mismo suceda en muchas otras colonias de la ciudad. Violencia y sequía expulsarán muchas gentes que pasarán a la categoría de “migrantes”, o si se usa el lenguaje clasista usado en Tlatelolco: personas en situación de calle, de vulnerabilidad, o indigentes. La ley de la selva urbana. ¿Veremos más batallas por un garrafón de agua, por hacerse de un departamento abandonado? ¿Y veremos al narco –o a la policía– controlando el negocio de las pipas de agua?
No manches, cálmate, dirán algunos. Qué pesimista. ¿De veras? La ciudad capital, y en particular Tlatelolco, son el fenómeno urbano más insustentable que pueda imaginar. Si la tormenta avanza, ¿no llegará acaso la hora de preguntarse ¿vale la pena? ¿Llegó la hora de migrar”? Quizás la pregunta esté a la orden del día en muchas familias.
¿Y nosotr@s qué?
¿No acaso acosada por la sed y la violencia, entre otras linduras, la ciudad se encogerá? ¿No acaso muchas personas buscarán refugio en otras regiones, se irán en avión, camión, tren (si la 4T alcanza a construirlos y si funcionan) o a pie…?
¿Y si todo esto se combina con una crisis como la del 2008 con inflación y recesión, qué?
¿Y nosotr@s qué?
Regresando de Chiapas siento que hay mucho que platicar.
Andamos por todos lados, cada quien por su lado. No es nada raro encontrarme en eventos y protestas a compas que se habían alejado y quieren regresar a la lucha. O entrar a ella. Quieren regresar o saber del zapatismo. Bueno, de hecho están en la lucha diaria promoviendo comunidad dónde y cómo pueden, defendiendo la vida contra el capitalismo patriarcal. Son compas que no se rinden, a veces una persona o en colectivos, y sin estar coordinados con este espacio de coordinación ni con otros. ¿No estaría chido coordinarse con elles? ¿Pero, para qué?
También vemos en la ciudad varias redes adherentes a la Sexta y a la Declaración por la vida que llevan años haciendo mucho trabajo comunitario de muchos modos y formas. A veces nos coordinamos por Chiapaz. Pero a veces parece que no hay mucho más en común entre nosotr@s.
¿No es “y ustedes qué?” un desafío? El encontrar lo común entre nosotres adherentes a la Sexta y firmantes de la Declaración por la vida en nuestra región. Encontrar eso en común que nos fortalezca frente a la tormenta y prepare el día después en esta megalópolis. Sí, much@s compas ya lo hacen. Pueblos, barrios, colonias y colectivos luchan por sus territorios, su salud, su alimentación, su seguridad, sus jóvenes e infancias. Resisten megaproyectos residenciales y comerciales.
Pero, ¿hay algo en común que podemos tejer? ¿preparar? ¿Una clínica de salud integral alternativa bajo la experiencia de las compas de brigada callejera? ¿Un espacio de respuesta frente a la violencia organizada y no organizada, siguiendo la experiencia de las buscadoras y mujeres que luchan? ¿Hay algo que en común que podemos hacer ante la escases cada vez más atrofiante de agua? ¿Qué?
Bueno, creo es el desafío que nos lanzan desde Chiapas. Quizás me equivoque de principio a fin, pero bueno, ¿Y nosotr@s qué?


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