Plática al Encuentro de comparticiones de resistencias y rebeldías
Por Valentina Valeria
Caracol Morelia, Chiapas
Agosto 2025
En febrero de 1999, inicia la huelga estudiantil en la UNAM en protesta a la privatización de la educación en el país y como movimiento de resistencia a la recién inaugurada en México era neoliberal. Entonces, era estudiante de psicología en la FES Zaragoza, en las afueras de la ciudad, y junto a muchos de mis compañeros y compañeras, organizamos un bloque de apoyo a la huelga y defensa de las instalaciones educativas.
Realizamos diversas actividades durante los nueve meses que duró el paro, pero sin dudas la acción que más nos comprometió políticamente con nuestra vocación, fue la de establecer contacto con la población para concientizarles sobre la situación de la educación en el país y el porqué de nuestra lucha. Con ayuda de profesores y familiares trabajadores de la salud, creamos con estudiantes de las carreras medicina, odontología, enfermería y psicología, brigadas de atención multidisciplinaria gratuita en colonias muy pobres del Estado de México; y con eso, puedo decir, que surgió mi primera participación activa desde la salud mental en lo que se pudiera llamar una lucha antisistema.
Tiempo después, platicando con varios compañeros y compañeras ex huelguistas, principalmente de la carrera de psicología y miembros de las brigadas de salud para dar orientación psicológica, concordamos en que teníamos varias inquietudes afines en cuanto a la forma de la lucha desde nuestros saberes y profesiones. Decidimos crear un colectivo para la difusión de varias acciones, entre otras atender compas que por su militancia en movimientos sociales, fueran víctimas de alguna agresión directa de parte del Estado. Tomamos de la experiencia zapatista la forma de organizarnos mediante asambleas. Nos hicimos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Hacíamos círculos de estudio para escoger y discutir literatura política, filosofía y temas en común. Comenzamos a difundir en un pequeño periódico los temas que nos interesaban sobre coyuntura política; y ya en el plano más práctico de la lucha, fuimos testigos del impacto del terror de Estado en nuestros compañeros, comunidades y poblaciones. Así que emprendimos las brigadas de atención multidisciplinaria con la urgencia de apoyar algunos casos.
Kuy Kendall
Durante las manifestaciones que se llevaron a cabo en San Lázaro, CDMX, en repudio a la entrada del presidente Enrique Peña Nieto, hubo agresiones por parte de los granaderos y una bala de goma alcanzó la cabeza del compañero Juan Francisco Kuy Kendall, adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Acordamos en asamblea un plan neurológico para ayudar a Kuy ya que debido a la agresión quedó postrado en una cama, sin habla y sin poder valerse por sí mismo. Lamentablemente no llegamos a ponerlo en práctica porque debido a la magnitud del impacto empeoró drásticamente y tuvo que volver al hospital hasta su fallecimiento. Nuestro colectivo dio acompañamiento psicológico a su compañera Eva Palma antes y después del fallecimiento de Kuy Kendall.
Ayotzinapa
A raíz de la desaparición de los 43 normalistas de la Normal Rural de Ayotzinapa, se armó una brigada de atención psicológica para atender a los padres de los estudiantes desaparecidos y a los normalistas que los acompañaban en el movimiento.
Buscamos primero al secretario de la Sección 9 de la CNTE con ayuda de una compañera de la Sexta que es maestra, y de esa forma nos contactaron con el secretario de la Sección 22. Así pudimos tener una primera reunión con los voceros de los padres de los 43 normalistas para plantearles la posibilidad que teníamos de brindar la atención psicológica.
Los padres aceptaron, y comenzó la atención dentro de las instalaciones del Centro Prodh. Dada la particularidad del caso, lanzamos una convocatoria a terapeutas alternativos que, solidariamente, llevaron sus saberes de herbolaria, biodanza, masajes, acupuntura, y toda clase de terapia natural. Mantuvimos la atención multidisciplinaria como fue posible, dado que las actividades de los padres eran muy diversas y extenuantes. Nos adaptamos a sus ritmos, llegando a salir muchas veces del Centro Prodh por la madrugada.
También se atendió por separado al normalista sobreviviente Edgar y se pudo apoyar con especialistas solidarios para resolver algunos problemas médicos de su madre.
Realizamos una brigada de atención multidisciplinaria de salud que fue hasta la mismísima Normal Rural de Ayotzinapa en un camión que nos consiguieron los padres de los normalistas. Esa vez también fuimos acompañados por dentistas, terapeutas de centros holísticos, sanadores de una cooperativa de quiropraxia, entre otros profesionales de terapias alternativas. El llamado que se hizo a la solidaridad de atender a los padres de familia y normalistas funcionó muy bien en su momento.
Colectivo Mamut
En 2018, el profesor Alberto Hijar Serrano, militante del las Fuerzas de Liberación Nacional, secuestrado y torturado por el Estado, convocó a varias personas a formar parte de un colectivo especializado en dar atención a víctimas de terror de Estado. Así, bajo esta consigna, surgió el Colectivo Mamut. Nuestra primera acción fue en apoyo a la comunidad náhuatl Santamaría Ostula, Michoacán, a la que pudimos acceder por medio del contacto de la Comisión de Comunicación que encabezaba el compañero fotoreportero Heriberto Paredes.
La comunidad tiene una larga historia de lucha por la autonomía, los derechos a la tierra y la autodeterminación. Ha recuperado cientos de hectáreas de propiedad comunal que habían sido ocupadas ilegalmente por poderosos caciques mestizos relacionados con el crimen organizado; pero también ha sufrido el terror de Estado mediante asesinatos, desapariciones de líderes comunales y de población en general.
La primera tarea fue atender psicológicamente a la madre de Hidilberto Reyes García, un niño de 10 años asesinado en julio de 2015, debido a un operativo mixto de las fuerzas de seguridad estatales y federales que atacaron a la comunidad de Santa María Ostula sin razón aparente. En el presunto operativo además de la muerte del niño, resultaron 19 personas heridas.
En las bocinas de algunos de los vehículos se reproducían consignas en favor de un grupo criminal y dispararon a la gente indefensa.
Se trabajó de manera psicológica con un grupo de mujeres que sufrieron la desaparición forzada, asesinato de algún familiar y amenazas a su vida e integridad, y tratamos de extender la atención psicológica a la Policía Comunitaria.
En otros escenarios de violencia similares y simultáneos, atendimos a compañeros y compañeras que vivenciaron tortura, cárcel, amenazas, violación. Acompañamos a madres y familiares de jóvenes víctimas de feminicidio. Creamos un grupo de biodanza con compañeros que estuvieron en el Mayo Rojo de Atenco y amigos de alumnos asesinados en Sucumbíos. Durante la convocatoria zapatista del “Comparte por la humanidad” se trabajó con un grupo de maestros de la CNTE; y así, en esta forma de lucha fuimos encontrando muchos compañeros y compañeras que habían vivenciado con mucho dolor la dureza del terror de Estado. Nos convertimos en un bloque de denuncia y resistencia convocados por la atención multidisplinaria en favor de la otra salud.
Propuesta:
El terror de Estado es un conjunto de estrategias gubernamentales que, utilizando diferentes métodos sistematizados, crean shock o parálisis en todos nosotros mediante el uso de la violencia y terror inducido. Estas estrategias tienen la finalidad de instaurar planes políticos, económicos y sociales que mantengan un sistema de producción y apropiación, incluyendo proyectos de restauración, modernización de la economía, instalación de regímenes fascistas, dictaduras militares, desestabilización de otros países, entre otros.
¿Cuáles son estos métodos de violencia y terror?
Masacres a la población, violación, desaparición forzada, asesinato, tortura, desprecio a los derechos humanos, leyes arbitrarias y autoritarias, creación de supuestos enemigos (el narco), despojo de bienes comunes, uso de contrainsurgencia, instalación de bases militares en puntos estratégicos dentro de comunidades, aprehensiones ilegales, violencia de género, no tener aseguradas las necesidades básicas de salud, educación, vivienda, trabajo, etc.
¿Qué daños nos producen estas acciones?
Subyugan la dignidad de los pueblos, crean un efecto a largo plazo de estrés colectivo, destrozan la estructura social lo que nos hace estar más vulnerables, provocan disminución de la capacidad de reacción, sumisión a las normas impuestas, degradan la imagen humana, producen pánico y ansiedad, crean clima de desconfianza e inseguridad, siembran el terror, imponen la violencia, y el impacto de las situaciones vividas, crea un empeoramiento en las condiciones de vida, fomenta la ruptura familiar, crea trastornos psíquicos y mentales, ansiedad, depresión, etc. Estos estados mentales y de ánimo se mantienen con el tiempo dando lugar a un estado emocional de miedo, terror, angustia que nos paralizan y nos debilitan.
Hay que sumar que cada estrategia de terror de estado tiene una finalidad en la creación de efectos especiales según el interés que se tenga en cada población o persona. Por ejemplo, se realiza una masacre cuando se quiere crear pánico, clima de desconfianza, desorganización social, daño individual y colectivo, cambios sociales duraderos y profundos, creencia de superioridad de un individuo sobre otro (o del estado sobre la comunidad).
Con la militarización, se normalizan la violencia, insensibilidad frente al sufrimiento, desprecio a la vida, el cambio de valores. Con la violación, se humilla para sembrar el terror, así como con la tortura se crean trastornos psíquicos y debilitamiento de sí mismo, traumas violentos, impresión duradera del evento vivido, pérdida de seguridad, ansiedad y depresión.
Existen varios riesgos de vivir bajo estás situaciones pero hay que destacar dos riesgos que son muy importantes: uno es que “la violencia genera más violencia” y otro, que se destruye e incluso se mutila “nuestra autoestima.”
Al vivir bajo violencia, se tiene la tendencia a reproducir esa violencia hacia nosotros mismos o hacia los demás. La viviremos en relaciones destructivas con la familia, la pareja, en el trabajo, en el género, y dentro de los colectivos o grupos a los que pertenezcamos o de los que participemos. No reconocerla reduce las posibilidades de crear otros modos para lo común, y se traduce en la vida práctica en el actuar incongruente a nuestra prédica.
Es muy recurrente que haya dentro de los colectivos hábitos que parecerían simples y sin importancia, pero son parte de una violencia normalizada que no permite la cohesión, la empatía o la solidaridad. Al contrario, destruye los proyectos autogestivos y colectivos. Ejemplos de estas conductas es tener entre nosotros actitudes déspotas, groseras o faltas de respetos; replicar rumores de compañeros que no son ciertos a sabiendas que dañan su imagen personal, ignorar a ciertas personas, aplicarles la ley del hielo, humillar en público cuando hay asambleas, llegar a lanzar amenazas, a golpear, insultar, hacer bromas hirientes, padecer violencia de género y hasta sexual.
En otros casos, se alaba con cierto culto (que pretende justificar una superioridad intelectual o moral) a quien tiene más conocimiento, más habilidad, mejor uso de la palabra, quien es más popular, quien tiene contactos, quien presta un espacio para reuniones, quien presta el sonido, quien tiene más tiempo para estar dentro de la organización de algo.
Con respecto a la autoestima, hay que destacar que desde que nacemos, por el solo hecho de haber nacido en este sistema capitalista, ya tenemos sobre nosotros toda una estructura planeada para violentarnos porque la violencia vulnera, y si estamos vulnerables somos más fácil de controlar. Desde que nacemos vivimos oprimidos, bajo control, manipulación, distorsión de la realidad, abuso, intrusión, injusticia, guerra, miseria y desprecio. Esto, sumado a que somos gobernados por psicópatas, es el caldo de cultivo para las múltiples circunstancias adversas que va creando el sistema. Independientemente de donde hayamos nacido, se anula la concepción que podemos tener de nosotros mismos en nuestro favor, de nuestra autoestima, el ser conscientes de que valemos por el solo hecho de estar vivos, que tenemos el derecho a ser felices por el sólo hecho de estar en esta tierra, de que contamos con recursos propios para determinar nuestra forma de vida que queramos elegir, de la posibilidad de desarrollar habilidades, capacidades y prácticas personales y en común para mejorar la vida. La concepción de la autoestima nos permite visualizar nuestras cualidades y habilidades personales para compartirlas en común, y que en común lo que destaque sea la práctica en lo saludable en la construcción de otros modos de vida libres de violencia y la fundación de otros mundos posibles entre nosotros. Para poder crear nuestro propio proyecto de vida emancipatorio, libre, ético, amoroso, con calidad de vida, sin patriarcado, con calidad en la relaciones. Para seguir creando redes sociales, organización, espacios deconstructivos y para seguir en la lucha antisistema y en toda la multiplicidad de aspiraciones sociales comunales, hay que encontrar en común formas de atender el daño a nuestra autoestima, reparar lastimaduras, heridas que se producen por vivir bajo dominación, ver la autoestima como un proceso vital político.
El estado tiene sus métodos especiales para chingarnos, contrata equipos de psiquiatras, psicólogos, científicos con tecnología para investigar la psicología de las personas y controlarnos…
¿Por qué nosotros no podemos crear nuestras propias estrategias para defendernos y evitarlo? Estando aquí en este encuentro veo que existen diferentes colectivos de otras partes que trabajan la salud mental, que dan acompañamiento. Pero no estamos articulados, no nos conocemos, no es común darle su debida importancia al tema de la salud mental siendo que su afectación produce problemas físicos graves que nos llevan a la decadencia en la salud y la armonía social. La atención física tendría que estar acompañada necesariamente por la atención a la salud mental. Así como se han formado brigadas para dar asesoría en temas de educación, por ejemplo, también podría haber brigadistas para dar formación en el tema de la otra salud mental.
La propuesta es a nuestros modos, tiempos formas por un mundo donde quepan muchos mundos.
Muchas gracias compañeras y compañeros


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