Guardianes de los bosques: Mongolia

2 de septiembre, 2025

La serie de videos “Los guardianes de los bosques” examina la profundidad de la actual crisis ecológica en cinco de los mayores bosques del mundo, pulmones cruciales para el planeta Tierra localizados en Nueva Guinea, Brasil, Canadá, Gabón y Mongolia. En los cinco casos, la crisis es ocasionadas por la devastación industrial y el calentamiento de la tierra, a su vez resultado de la industrialización salvaje.

Los videos presentan también los esfuerzos desesperados de pueblos originarios en esas regiones por proteger los bosques que son su hábitat. Como en casi todos lados, el oficio de defensor o defensora de la Madre Tierra es peligroso pues al enfrentar intereses empresariales y a los gobiernos, arriesgan su integridad e incluso su vida.

Esta serie fue producida en Europa con la intención de subrayar la intervención de gobiernos y ONGs progresistas. Pero no puede eclipsar que las y los guardianes verdaderos de los bosques no son otros que los pueblos originarios.

Traducción y transcripción del alemán por Cecilia Dávalos.

Original: Die Hüter des Waldes

Paisaje estepas Mongolia. Foto sin atribución

Mongolia, la taiga como refugio

Tumursukh se ha propuesto restaurar la gigantesca región de bosques, ríos y valles de innombrable valor para el ecosistema. En los 90s hubo saqueo sin la menor consideración, arrasando con lo que fuera de utilidad, y a veces hasta lo que no necesitaban en una actitud de codicia innombrable. Para enfrentar esa catástrofe esta parte fue declarada zona de reserva natural, Tumursukh sueña, junto con un grupo de rancheros, volver a poblar con animales salvajes el gigantesco territorio, una inmensa misión. Sin embargo se topa con fuertes resistencias ya que para poder llevarla a cabo tiene que luchar contra los grupos pastoriles que invaden y dejan esa tierra, suya y de sus antepasados, en un desastroso estado.

Acerca de Tumursukh en TED: If not me, then who? If not now, then when?

Cuando los pastores llegan con sus rebaños, los venados abandonan el territorio y no regresan sino hasta después de tres años.

Dice Tumursukh:

“El año pasado conté una población de más de cuarenta ciervos, este año ni uno solo. Diez años de protección ambiental se fueron en un momento.”

Los pastores pasan por los bosques con sus numerosos rebaños, que son destinados a la producción de leche y de pieles que venden en los mercados. Su paso por allí es la devastación completa.

Conversación de Tumursukh con uno de los principales de los pastores:

“Este territorio está bajo protección. Ustedes pueden dejar pastar a sus animales en las zonas declaradas pastizales, además no pueden portar armas si ingresan al parque. Si alguno de sus animales se pierde en el parque me pueden avisar por funk, yo los ayudo a localizarlo.

“Pues sí, pero nuestros pastizales ya están comidos, tenemos que poder pasar al otro lado.

“Desde 2016 se considera el 20% de los bosques como territorio bajo protección, pronto será ya un 30%. Tenemos que cooperar todos para la restauración de todas las áreas dañadas.

“Si pues, pero en algún lugar tienen que poder comer nuestros animales. Tenemos que dejarles a nuestros hijos y a sus hijos los bienes tradicionales. Con eses mandato nos han arrinconado en lugares muy estrechos que no nos son suficientes.”

La tarea de Tumursukh es cuidar que no se cace en la zona de protección ambiental. Él sabe que es difícil mientras no haya lugares de trabajo y otras formas de mantenerse para los pastores.

Poco a poco ha ido evolucionando el sector turismo. El problema es que es muy difícil que ciertos grupos comprendan la medida de la inminente catástrofe. Se preguntan qué mal puede ocasionar cazar un ciervo o recolectar plantas. Efectivamente así era antes, pero la disposición de los recursos han cambiado, no son inagotables.

“La gente tiene que despertar. Cada comunidad tiene que ser parte de la solución. Estas regiones fueron recreación en el tiempo de los socialistas, y para los dirigentes que venían a pasar vacaciones por acá, era parte de la buena reputación salir a cazar varias piezas.”

Un hombre que ha sido atrapado por cazar un ciervo recibe una multa de 300 dólares por caza ilegal y portar armas en zona de protección.

“La gente al ver la inmensidad de estos terrenos cree que abundan los animales, pero desgraciadamente no es así. La historia nos ha dañado mucho en los últimos períodos. Hace tan sólo diez años no había uno solo porque después, con la caída de las repúblicas socialistas, desaparecieron los colchoses y cundió el desempleo, por eso se dio la caza desmedida acabando con lo restante, porque de alguna manera había que alimentarse. Además llegó el mercado capitalista y la demanda inusitada de pieles para el mercado. Cuando ya no hubo más para cazar, empezó la fiebre del oro. En cinco partes diferentes de la taiga se descubrieron yacimientos, entonces había más de 7,000 buscadores.”

Los economistas llaman a este fenómeno la tragedia de los bienes comunes, porque pocas personas agotan los recursos de la humanidad para el provecho personal.

En 2014 se declaró la protección de estas zonas, se sacaron a los buscadores de oro y se empezó con la recolección de la basura que dejaban a su paso. Tardó tres años en aclararse el agua.

“Nuestra meta entonces se volvió vigilar que eso nunca más volviera a pasar, inducir la convalecencia de los lugares afectados y hacer volver a los animales nativos. En mi misión un gran problema es convencer a los principales de las comunidades nativas. En 2008 autoridades corruptas firmaron contratos con compañías explotadoras. A nadie se le informó que vendrían ni a qué. Nuestra comunidad sufrió un quiebre terrible. Hubo alcoholismo y pleitos sangrientos, prostitución y comercio ilegal. Los niños no podían salir a jugar libremente porque corrían peligro, una pesadilla completa. Con nuestro trabajo hemos restablecido nuestras formas de vida, sin ayuda de nadie. Únicamente con nuestro esfuerzo. Un gran logro fue el regreso del tigre de la taiga, representante del equilibrio del ecosistema, porque está a la cabeza de la cadena alimenticia de la fauna, y una prueba de que hemos hecho grandes logros, porque él solamente vive en un lugar en el que el balance existe.”

Conversación en casa de un pastor que mató a dos ciervos en la zona de protección y fue multado por ello:

“Me pusieron una multa por andar en la zona con perros y fusil, ya subió, ya es más caro.

“A un pastor se le tiene que permitir andar con fusiles, es tradición mongólica. Pero Tumursukh y su grupo son unos bandidos que quieren cambiar todo. Él quiere proteger a los animales, pero ¿quién nos protege a nosotros?”

Tumursukh acepta que los pastores tienen razón en parte, que algunos de los rancheros que ahora trabajan con él habían sido criminales que estuvieron en la cárcel.

“Pero ese pasado no me interesa, le doy más peso al carácter de la persona y la apoyo para que cambie. De esa manera he logrado convertir a doce cazadores salvajes en mis mejores rancheros. Ellos conocen la taiga mucho mejor que nadie. Perseveré hasta localizarlos, en los bosques, en la nieve, en la taiga, en todos lados los busqué e insistí hasta convencerlos de trabajar conmigo por lo que se está perdiendo. Tenemos que hacer comprender a la gente que es normal que los osos, los lobos, los jabalíes, los ciervos, los tigres y muchos más habiten aquí. Nosotros somos culpables de que hayan perdido su hábitat, de que los bosques se incendien y sean cada vez más estrechos para ellos. El cambio climático está provocando estas crisis de espacios para que puedan habitar de forma natural. Mi trabajo es duro, años hace que no festejo navidad con mi familia.”

Los pastores mongoles se comunican entre sí por Facebook. Suben fotos de las huellas de osos y avisan por dónde andan.

Después de que un oso atacó a un pastor, este le disparó para defenderse. En la autopsia encontraron que el oso tenía semanas de no comer, en su estómago había cortezas de árboles y pedazos de lana vieja, de la que dejan los borregos a su paso. El hambre es lo que lo llevó a atacar a un humano. Normalmente el viviría en paz en su zona. Pero la caza desmedida le quitó a los animales pequeños, sus presas naturales.

Uno de los rancheros cuenta:

“Dos osos jóvenes se metieron a los pastizales. Estamos tratando de cercarlos y atraparlos antes de que los pastores traten de matarlos. Aquí no tenemos pistolas con anestesia por eso estamos tratando con métodos tradicionales. Con estrategias, sogas y palos muy largos los hacemos que se dirijan a las jaulas de madera que tenemos especiales para ellos. Una vez adentro los transportamos fuera de las zonas en las que estarían en peligro de ser cazados. Por lo pronto los mantenemos en sus jaulas y los alimentamos.

“Esos osos atravesaron la Siberia rusa, son osos que huyen de la catástrofe climática, los incendios de los bosque de allá han exterminado sus alimentos. Los osos mongoles se comportan de otra forma más integrativa.”

Tumursukh recorre grandes parajes a veces muy difíciles de cruzar hasta grutas en altas montañas rocosas. Son puestos de observación para registrar la cantidad de cabríos aún existentes, cuenta cómo su padre le enseñó a rastrearlos en el bosque. Los animales huyeron de su hábitat natural adaptándose a las cimas rocosas por la caza excesiva.

“Observar a un animal salvaje tranquilamente sin miedo, es la mayor bendición. Ellos saben que los estamos observando y siguen jugando. Sienten que no los amenazamos. Así debe ser en las montañas, con su paisaje tranquilo y ancho. Un paraíso para ellos.”

Finalmente, después de casi un año, Tumursukh decide que ya es tiempo de soltar a los osos. Con un gran equipo de investigadores internacionales, a los que él llamó para que se difundiera el problema de la fauna en las estepas mongólicas, se los llevaron en un helicóptero a la frontera rusa, al bosque de dónde vinieron, fuera del alcance de cazadores.

“Esta historia es una que nos atañe a todos. El cambio climático y el deterioro ecoambiental están progresando velozmente. Los gobiernos no hacen nada en contra. La codicia y los intereses económicos están acabando con nuestras sociedades. No tengo la respuesta a tantas preguntas. Pero una cosa sí sé: para rescatarnos, tenemos que dejar que los bosque se recuperen. Por eso trabajo día y noche.”


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