Enrique Dávalos
(Manta “No olvidamos” por Gato Contreras)
Tlatelolco, 2 de octubre, 2024
Este año tuvimos dos Dos de Octubre en Tres Culturas, Tlatelolco, en esa Plaza donde hace 56 años se asesinó a cientos de estudiantes, trabajadores, amas de casa, niños…. Por la mañana el Comité 68 organizó un memorial al cual fueron invitados varios funcionarios de la Ciudad de México. Por la tarde, el Comité 68 encabezó una marcha de Tlatelolco al Zócalo. Los dos eventos fueron sobre el 68 y el 2 de Octubre. Por la mañana, el mal gobierno avanzó en apoderarse de la memoria de aquel movimiento y la represión que desencadenó. En la tarde, miles marcharon convocados por el 68, no sólo para honrar la memoria del movimiento y de los caídos, sino también acercándoles a luchas que medio siglo después siguen los pasos del 68 y se rebelan contra el mismo sistema. ¡No has muerto camarada!

Subiendo
En el evento de la mañana, el Comité 68 francamente desentonaba con el estrado oficial instalado en la Plaza. Como en el típico evento gubernamental, el gobierno confiscó temporalmente un espacio público en la Plaza, acordonó el área, trajo un equipazo de sonido, carpas oficiales y bandas militares de música. En el rincón más cercano a la salida, un grupo de compañer@s portaban una manta del Comité 68.
Representantes del Comité 68 fueron invitados al estrado a decir su palabra. Luego, el mal gobierno habló.
Fue un acto con un profundo contenido político. El gobierno afirma que una victoria del movimiento del 68 fue el triunfo de López Obrador. En su primera mañanera, la presidenta Sheinbaum afirmó que “la victoria de ese movimiento fue el triunfo en 2018 con el presidente Andrés Manuel López Obrador.” (La Jornada, 3 Oct, 2024) Eso mismo dijo Martí Batres, jefe de la ciudad, esa mañana frente al Comité 68: Las demandas del movimiento estudiantil del 68 se van logrando con el programa de la 4T. Muy oportuno, Bartres incluso se valió del 68 para legitimar “la lucha” por cambiar jueces.
Frente a una estela erigida por el Comité y reconstruida bajo el patrocinio del gobierno, Martín del Campo y Félix Hernández Gamundi, veteranos del 68, dieron palabra por el movimiento.
Nos recordaron la importancia del movimiento y la bestialidad de la represión el 2 de octubre y el 10 de junio. De los avances y perspectivas de las carpetas abiertas contra los asesinos de entonces. Y luego se sumaron al rapto de memoria organizado por el gobierno. Algo así como que “¡1968 y 4T unidos vencerán!” Hernández Gamundi caravaneó a la presidenta entrante cuando aseguró que “que el inicio de este nuevo gobierno será el inicio de un nuevo amanecer.” (La Jornada, 3 de octubre, 2024)
Nomás de lado, vale comentar que la idea de aclarar “civil” fue varias veces repetida hablando de los “responsables intelectuales” de la masacre del 68; alguien mal pensado sospecharía que están exculpando al poder “militar”. Otro malpensado se preguntaría también por qué la voz de Martín Batres tenía todo el poder de las bocinas mientras que la voz de los oradores del Comité apenas se escuchaba.
Cántico marcial en el evento
Además, todo ocurrió en medio de bandas y cánticos marciales. El evento final para recoger la bandera nacional estuvo a cargo de un oficial que marchaba alzando la pierna completa y por eso me recordó las películas de Hitler.
En suma, en este evento, el 68 se convirtió en un día oficial (feriado para las escuelas de Tlatelolco) donde hasta el mal gobierno cupo.

Bajando
Por la tarde, el mismo dos de octubre, Tlatelolco comenzó a llenarse de estudiantes y personas de muchos tipos y geografías diversas. Se reunían para honrar desde abajo la memoria del 68.
Miles marcharon y gritaron “no se olvida”. También recordaron a los guerrilleros martirizados por la guerra sucia de los 1970s.
Escuchen esta significativa consigna: “Somos nietos de la revolución, hijos del 68 y hermanos de Ayotzinapa.” Es la memoria donde no cabe la 4T. Sobre todo porque, como dicen, “la lucha sigue y sigue”. La forma de honrar al 68 es sumarse a las luchas actuales. La marcha no aceptó que el gobierno convirtiera a las víctimas de aquella masacre en figuras de pedestal para así robarles su memoria rebelde.
Por el contrario, les invitaron a acercarse al arco iris de luchas convocados en su memoria: la rabia de Ayotzinapa y de las mujeres contra los feminicidios, el clamor mundial por el genocidio en Palestina, los gritos de somos Otomí, Atlapulco, CNTE, SME, FECSM, normalistas de Oaxaca, huelguistas de Ciencias Biológicas, comunidades zapatistas, bloque negro, presos políticos, estudiantes expulsados, maestros despedidos, vendedores ambulantes. “2 de Octubre no se olvida es de lucha combativa”.
En el mitin del zócalo, (por cierto más escuchado que muchos otros mítines) Anselma y Hortensia –víctimas de una represión reciente en Xochimilco a manos de golpeadores y policías– hablaron por la coordinación permanente contra la represión. Sus palabras trazaron fuertes distancias con el gobierno. Denunciaron que la militarización del país “se profundizó en este sexenio”. Dijeron que “resulta inaceptable la narrativa por parte del oficialismo respecto a la participación del Ejército en los crímenes del pasado y del presente, que raya en el negacionismo.” Y afirmaron que la “criminalización de la protesta social” existe aunque el gobierno diga que ya no se reprime.
Sus palabras también recriminaron la violencia simbólica contra los pueblos originarios. No somos “parte de un performance que simula inclusión”. Los pueblos exigen “respeto a su autodeterminación, habitar en paz en sus territorios y decidir sobre sus recursos.”
En suma, la marcha en la tarde rompió lanzas con el evento de la mañana. Pienso que las consignas de la marcha repudian el permitir que el mal gobierno y el ejército marquen la memoria del 68.

¿Triunfo sin memoria?
¿Es realmente un triunfo simbólico que el estado ofrezca disculpas al 68 y reabra las carpetas de investigación? ¿Un triunfo que alcanza para ayudar a que todos los movimientos en México también triunfen?
Por supuesto, es un triunfo que se avance en castigar a los culpables de la represión. Pero un gobierno prestigiado puede desdecirse de cualquier compromiso sin miedo porque no hay oposición, porque ha absorbido a la oposición, le ha dado chamba en el gobierno. ¿Cómo honrar a las víctimas y a la vez compartir memoria con el mal gobierno? Con las mismas instituciones que bañaron de sangre la Plaza y que permiten que los asesinos sigan impunes. Podrá haber muchas diferencias entre Díaz Ordaz y Sheinbaum, pero ¿cómo minimizar sus continuidades? ¿Qué dirían los miles que llenaron la Plaza el 2 de octubre de 1968?
Un improbable triunfo sin memoria puede voltearse en una derrota apabullante. ¿Qué hacer ante un mal gobierno que dice vivas al 68 mientras ataca a muerte a los movimientos que se le resisten? ¿Quién ordena a policías y fuerzas armadas golpear en Oaxaca, Tlalpan o en la frontera con Guatemala?¿Quién cree que un gobierno legítimo reprima? El prestigio y brillo progresista que hoy adorna al poder bien divide la resistencia y oscurece las luchas actuales.
Amargamente, Ayotzinapa ha descubierto las consecuencias de confiar en un gobierno que parecía “buena onda”.
Las balas contra una multitud aterrada quebraron cualquier esperanza de que el gobierno fuera capaz de escuchar. Toda confianza se terminó de romper el 10 de junio y siguió rompiendo por décadas. Más que un triunfo del 68, ¿no es el cambio de gobierno en 2018 un triunfo del poder para relegitimar un estado por décadas desprestigiándose?
¿Ejército buena onda?
Pretender que nunca más las fuerzas armadas reprimirán a las luchas populares no sólo es una ingenuidad peligrosa sino una mentira flagrante.
Decenas si no cientos de periodistas y defensores de la tierra y el agua asesinados en el sexenio que hoy termina desmienten cualquier canto de sirena. (Artículo 19, 2024; La Jornada, abril 2024) Pero se puede objetar que los represores son las bandas criminales y no las fuerzas armadas; que son las mafias y no la policía quien convierte a México en una fosa clandestina.
Pero además de las múltiples pruebas de complicidad entre cuarteles y carteles uno puede preguntarse con justa razón qué detiene al ejército para derrotar a las mafias criminales. Después de presenciar el despliegue militar del 16 de septiembre uno se pregunta cómo tal poder no puede contra bandas criminales aun con sus metralletas y rinocerontes. ¿O será que no quieren destruirlas?
A final de cuentas, ¿con quién el ejército es buena onda?
No en balde la consigna es válida en 1968, 2014, 2024: ¡Fue el ejército!



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